

PARQUES NATURALES TALAMPAYA Y VALLE DE LA LUNA
En La Rioja y San Juan, los extraordinarios parques naturales muestran cómo era la vida en el planeta hace más de 200 millones de años. Un viaje por el deslumbrante paisaje de enigmáticas formas, y su fauna.
Es el sueño de cualquier paleontólogo: levantarse a la mañana, salir de su carpa y verse rodeado por el cementerio de fósiles más extraordinario jamás imaginado", así describía su fascinación ante el Valle de la Luna el científico Alfred S. Romer, de la Universidad de Harvard, en su diario escrito durante sus exploraciones de 1958. Desde entonces, el Valle de la Luna —también llamado Ischigualasto, "donde la Luna se posa"— en San Juan, y su vecino, el Cañón de Talampaya, en la provincia de La Rioja, han ganado fama internacional y han sido declarados Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.
Y es interesante ver los principios que justifican la inscripción en este prestigioso organismo: "Los parques naturales de Ischigualasto / Talampaya contienen una secuencia completa de sedimentos fosilíferos continentales que representan el período Triásico completo (45 millones de años) de historia geológica, dice la Unesco.
El silencio, el paisaje primitivo, las fantasmales figuras rocosas, las grietas de colores, el monte con su vegetación espinosa y sus árboles a medio definir, los animales que se pierden entre piedras cenicientas y los cóndores que vuelan sobre gigantescos paredones colorados, completan un viaje que transita fuera del tiempo.
Los pliegues de estos paisajes caprichosos y desérticos llevan inscriptos, como un libro a cielo abierto, la historia geológica de la Tierra y de las especies que la habitan. Pero el atractivo de ambos lugares no se agota en su interés mineral ni en sus imponentes paisajes. El viajero encontrará también petroglifos y otros valiosos restos arqueológicos de tribus precolombinas.
El reino de los dinosaurios
"Imaginen una llanura poblada de plantas que se encaraman unas sobre otras, con lagunas, pantanos y reptiles de formas extrañas que circulan entre la vegetación. Así era este lugar hace millones de años, en la Era Mesozoica, cuando aún no existía la cordillera de los Andes y la Tierra era una masa uniforme que todavía no se había dividido en varios continentes", invita el guía del Valle de la Luna, a modo de introducción.
Cuesta creerle, frente a este cielo azul que parece no conocer las lluvias; el suelo grisáceo, árido y pedregoso, los gigantescos paredones colorados que se levantan a lo lejos, y las extrañas figuras de piedra que alteran el paisaje.
El guía aborda el primero de los automóviles de una larga y cosmopolita caravana de turistas. Cada parada del recorrido de 45 kilómetros nos sorprende con nuevas formaciones rocosas.
Las estrellas del itinerario son las gigantescas figuras de piedra esculpidas durante milenios a fuerza de erosión y que la imaginación popular bautizó de manera caprichosa: "El Gusano", "La Esfinge", "El Submarino", "El Hongo". El guía se lamenta de que hace no mucho tiempo se haya derrumbado una colosal figura llamada la "Lámpara de Aladino", pero agrega, como consuelo, que la naturaleza es una escultora tenaz que continúa cincelando su obra con la erosión del viento, las lluvias y las diferencias de temperatura.
En "El Gusano", el guía desempolva fósiles de peces y anfibios antecesores de las ranas. Un grupo de niños escucha atentamente las explicaciones: "La Tierra, que hasta el período triásico, hace 225 millones de años, estaba habitada sólo por plantas e invertebrados, comenzó a ser invadida por los reptiles. Aquí en Ischigualasto, se encuentran los restos de reptiles con características de mamíferos más antiguos del planeta, que pueden explicar eslabones fundamentales en la evolución de las especies".
Al fin uno de los niños se atreve a preguntar: "¿Y los dinosaurios?". La respuesta le ilumina los ojos: "Mirá, en Ischigualasto, tranquilamente podría haberse filmado Triassic Park". Y la afirmación queda
fundamentada, ya que aquí se encontraron los fósiles de dinosaurios más antiguos y primitivos conocidos hasta la fecha, entre ellos, el Herrerasaurus, el Pisanosaurus mertii y el Eoraptor Lunensis. Algunos se encuentran en museos, pero muchos de ellos quedan aún en el parque donde los hallazgos son permanentes.
Continuamos la visita con aires de exploradores y nos detenemos ante un paisaje sorprendente: "La Cancha de Bochas". Aquí, la erosión de antiguos materiales areniscos produjo esferas de distintos tamaños perfectamente pulidas y apoyadas sobre una superficie plana, como si se tratara de un trabajo calculado por el hombre.
En la parada final, "El Submarino" con su colosal tamaño se recorta contra los espectaculares paredones de las Barrancas Coloradas. Estas nos siguen varios kilómetros hasta el final de la visita, en esta hora del día en que hipnotizan al mundo con sus reflejos rojizos.
Por el lecho del río
La vista desde la ruta es imponente: un gigantesco acantilado de formas erosionadas y exaltado color ladrillo. En la provincia de La Rioja, a pocos kilómetros del Valle de la Luna, el Cañón de Talampaya, dentro del parque nacional del mismo nombre, pertenece a la misma formación geológica y comparte su importancia como uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo.
Para visitarlo, esta vez debemos resignar nuestro vehículo y treparnos a la caja de una camioneta con guías especialmente autorizados. El itinerario recorre el cauce seco del río Talampaya, encerrado por gigantescos paredones colorados de alrededor de 170 metros de alto. Las paredes alternan alturas, se abren y se estrechan, juegan a las luces, sombras y contraluces con sus colores rojizos. La vegetación también va variando según la sequedad del suelo: desde el monte de arbustos bajos y ralos como el retamo y la jarilla, hasta los milenarios bosques de algarrobo.
Los animales no faltan a la cita. En la entrada del parque merodean unos inquietantes zorros
grises a los que es mejor no alimentar; muy alto, sobre los paredones del cañón, dos cóndores planean sin esfuerzo; sobre el final del recorrido, un guanaco solitario estudia el panorama desde una loma.
Pero quizás lo más sorprendente sean los hallazgos arqueológicos. En "La Puerta" y en "Los Pizarrones" los petroglifos —grabados en piedra— realizados por las culturas precolombinas exponen sobre un fondo oscuro misteriosos dibujos: figuras geométricas, espirales, improntas de pies humanos con seis dedos, llamas, hombres y hasta curiosos seres alados que las teorías más audaces atribuyen al encuentro con extraterrestres. Los rastros de estas culturas se encuentran también en "Los Morteros" encontrados en una gigantesca roca tallada con misteriosos agujeros.
Del mismo modo que en el Valle de la Luna, el Talampaya nos despide con sus enormes figuras de piedra erosionadas por el viento y de nombres casi místicos: "El Monje", "La Catedral", "El Fraile". Sus siluetas impasibles parecen, a pesar de la erosión, inmunes al azote del tiempo.
El viento y el agua tallaron a su antojo las formas más caprichosas durante 200 millones de años y delinearon estas maravillas de Valle de la Luna y Talampaya. Para el visitante desprevenido, los efectos intactos del tiempo geológico se le presentan en forma de un inmenso y extraño paisaje desértico. De entrada, es sorprendido por formaciones que lo hacen sentir apenas un minúsculo ser viviente en medio de gigantes de piedra. Pero, al mismo tiempo, debemos sabernos afortunados cada vez que recorremos estos parques. Porque son únicos e incomparables y permiten apreciar el cielo color cielo. Tal cual.
El influjo de esta gigantesca cuenca geológica empieza a percibirse entre los turistas que se acercan en camionetas todo terreno mucho antes de llegar a Talampaya. Cuando bajan desde Chilecito, ya pueden distinguir los inmensos paredones de roca rojiza desde el espectacular mirador de la Cuesta de Miranda. Entonces, son dominados por la ansiedad y las palpitaciones se aceleran en los cien kilómetros que restan para llegar. Algo parecido ocurre del lado de San Juan, apenas los vehículos dejan atrás Valle Fértil y apuntan derecho al Valle de la Luna. Es que uno se mete de lleno en este universo poblado de misterios y se deja llevar por el viento, que gobierna y marca todos los pasos sin ninguna oposición.
Ruta del vino de San Juan. En el Valle de Tulum (11 km al sur de San Juan capital por ruta 40), visita a las bodegas y viñedos Viñas de Segisa, Fabril Alto Verde y Navas y la champagnera Miguel Mas, con degustación de vinos chardonnay, syrah, malbec, cabernet sauvignon y chablis. También se recomienda la bodega Las Cavas de Zonda, creada en una caverna natural —única en su tipo en América del Sur—, 16 km al oeste de la ciudad de San Juan por ruta 12.
Cuesta de Miranda. Unos 80 km al norte de Talampaya, un conmovedor paisaje de la sierra de Sañogasta, junto a la ruta que dibuja curvas y contracurvas en 12 km. En esta época, la nieve suele blanquear la piedra rojiza y los enormes cactus. La mejor panorámica la entrega el Bordo Atravesado (a 2.020 m. de altura).
Famatina. Desde Chilecito (150 km al norte de Talampaya) hasta la mina de oro y plata La Mejicana (a 4.500 m. de altura), trekking de 35 km por un sendero pegado al abandonado cablecarril. Una aventura por túneles, valles de altura cubiertos de hierbas aromáticas e hilos de agua transparente, entre baqueanos de a caballo y majestuosos cóndores.
Valle Fértil. En San Juan, 80 km al sur del Valle de la Luna. Oasis lleno de quebrachos, lagunas, quebradas, artesanos y herederos de culturas indígenas.
Huaco. Al este del Valle de la Luna, en San Juan, combina la tradición campestre con el circuito de los centenarios molinos harineros. Jáchal (a 30 km) también ofrece travesías en 4x4, rafting, windsurf, cabalgatas y termas.
Sabores de La Rioja. Las mejores aceitunas y aceites de oliva se consiguen en Aimogasta (100 km al norte de la capital). Nueces, en Famatina, Sañogasta y Guanchín (alrededores de Chilecito). Vinos torrontés y malbec, en Chilecito: visitas guiadas con degustación en bodega La Riojana.
Cómo llegar. Aerolíneas tiene 1 vuelo diario directo Bs As-S. Juan (1 h 50'; ida y vuelta, tasas e impuestos, dde $ 260,42) y 1 vuelo con escala en Catamarca Bs As-La Rioja (2 hs 50', ida y vuelta con tasas e impuestos, desde $ 249). De Bs As a Talampaya, 1.315 km. A Valle de la Luna, 1.470 km.
Dónde alojarse -En Valle Fértil (San Juan), cabaña p/4, $ 83; pensión Los Olivos, $ 15 c/u con desayuno. En Chilecito (La Rioja, 135 km de Talampaya), Finca del Paimán: $ 60 la doble c/desayuno (03825- 425-102). Las dos localidades tienen hostería del ACA.
Qué y dónde comer. En Chilecito: pastas caseras, en La Rosa; pizzas, en Don Colacho; cabrito a la parrilla, vinos regionales, locro, ta,males, empanadas, humita y carbonada (sopa bien cargada), en El Rancho de Ferrito y La Posta.
Atención. La hora fue cambiada en La Rioja, San Juan, Catamarca, San Luis y Mendoza: cuando en estas provincias son las 11, en el resto del país son las 12.
Hay señal de celular en Talampaya, pero no en Valle de la Luna, donde el teléfono público de la entrada suele estar fuera de servicio.
Sólo hay GNC en las ciudades de La Rioja (220 km de Talampaya) y San Juan (330 km de Valle de la Luna). Nafta venden en Villa Unión (60 km de Talampaya) y Valle Fértil (80 km de Valle de la Luna).
Entrada a Talampaya: $ 6; hasta 14 años, jubilados, pensionados y discapacitados, gratis; extranjeros, $ 12; universitarios y residentes en La Rioja, $ 3. A Valle de la Luna, $ 10 (incluye visita guiada).
Dónde informarse. En Bs As, Casa de La Rioja: av. Callao 745, 4815-1929; Casa de San Juan: Sarmiento 1251, 4382-9241. En Chilecito, (03825) 422-688 /
talampaya@apn.gov.ar / en Internet:
www.talampaya.com / www.vallefertil-argentina.com