Facundo Maranessi dice que logró convertir su afición de la niñez en su medio de
vida. Fanático de los dinosaurios, se pasó toda su infancia recopilando información
sobre reptiles y desde los 17 años (ahora tiene 24) es el mayor productor de lagartos que
existe en el país.
Maranessi vive en Ascensión, un pequeño pueblo de algunos pocos miles de habitantes
ubicado en el partido de General Arenales, a 320 kilómetros de Buenos Aires. Cría
lagartos overos en cautiverio y los comercializa con distintas modalidades. Como mascotas,
para el mercado interno; como delicatessen, para abastecer a gourmets del mercado
asiático, y como cueros, para convertirlos en camperas, carteras y zapatos. La empresa se
llama Saurios.
Antes de emprender el camino de los negocios tuvo que dedicar más de cuatro años
hasta lograr que los lagartos pudieran reproducirse en cautiverio.
"No hay bibiografía ni nada. Y a nadie se le había ocurrido antes que sería
posibles criarlos y hacer que se reprodujeran en corrales -explica-. Todo el mercado de
cueros, por ejemplo, se abastece con el producto de la caza."
Con una inversión de 40.000 dólares y una porción de terreno cedida por su padre en
el campo familiar, Facundo no sólo logró que se reprodujeran los lagartos. También
desarrolló una incubadora especial para sus huevos, y poder así aumentar la
productividad y asegurar un mayor número de nacimientos. Para ello, afirma, contó con la
colaboración de personas vinculadas con la Facultad de Agronomía de la Universidad de
Buenos Aires, del Zoológico porteño y del Museo de Ciencias Naturales.
Nuevo mercado
Su intención apunta a desarrollar un mercado interno inexistente. Para vender los
lagartos como delicatessen, el emprendedor elabora diferentes variedades de escabeches,
que por ahora sólo se despachan en el municipio de General Arenales. "En China y en
Japón ya existen consumidores porque tienen el hábito de comer carne de iguana
-explica-; pero acá tenemos que trabajar mucho en las ferias de alimentación, para que
se conozca y se acepte." ¿A qué tiene gusto? "A pollo", compara.
Para divulgar las virtudes del cuero, ha montado stands en la Rural porteña. Pero no
se queda en eso. Para agregarle valor, terceriza la producción de indumentaria y calzado
y cuenta con un pequeño portfolio de prendas que ofrece a fanáticos de los cueros
exóticos.
Hace muy poco, cuenta, un empresario norteamericano se llevó tres pares de botas
texanas y pagó 600 dólares por cada uno (en los Estados Unidos, las de cuero de víbora,
muy parecidas, cuestan alrededor 1.300 dólares).
El mercado para el negocio de los cueros no es pequeño. La Argentina exporta por mes
alrededor de 70.000 piezas, con destino a los Estados Unidos, Francia e Italia.
La industria de la moda los demanda, por ejemplo, para realizar aplicaciones en
punteras de zapatos y carteras.
El emprendedor, que ya inició los trámites para obtener una patente industrial,
apuesta también por la fabricación de incubadoras en serie para ofrecer alternativas a
los cazadores profesionales.
Mascotas en auge
Para comercializar los lagartos vivos como mascotas en veterinarias y comercios afines,
tiene autorización de la Secretaría de Fauna.
Con este permiso, también se dispone a enviar una partida a Miami, donde está de moda
adoptar "bichos raros". Para comprobarlo sólo hay que dar una vuelta un día
cualquiera, por la tarde, por Ocean Drive, en South Beach.
Las iguanas enroscadas en el cuello de los patinadores son tan populares como los
cuerpos moldeados a fuerza de muchas horas de pasar por el gimnasio.
Antes de consagrarse a la cría de lagartos, Maranessi pensó en probar suerte con los
ñandúes, pero desistió en cuanto comprobó la alta demanda de infraestructura: demanda
espacios muy amplios y un importante desembolso en alambrados especiales.
Los reptiles, por el contrario, pueden habitar en superficies de material, más
pequeñas y económicas. Sus criaderos ya ocupan una hectárea dentro del establecimiento
familiar, donde también se dedican a las labores agropecuarias y a la producción de
duraznos.
Los lagartos overos son típicos de la geografía argentina; cuando llegan a adultos
miden entre 80 centímetros y un metro y medio. Parientes cercanos de las iguanas, son
omnívoros, aunque prefieren la carne.
Las hembras suelen poner alrededor de treinta huevos por año, pero de las crías sólo
dos llegan a adultas.